Boletín de la reunion nº 3627

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A�O XLIV
N� 2057
LA REUNION DE HOY:
3627
Asistencia total:
101
Socios del Club:
93
Socios Honorarios:
0
Invitados del club:
5
Invitados de Socios:
3
Represent. de otros clubes:
0
Programa
  • Izamiento de banderas
  • Informe de secretar�a
  • Disertaci�n a cargo del Sr. Hugo Gambini sobre �Per�n, Isabel y la Triple A�

Izamiento de banderas

  • Argentina: Sr. Alfredo Enzo Olaeta
  • Rotaria: Pedro Borsellino
  • Rotaract: Federico Amato

Informe de secretar�a Mis amigos: En el d�a de hoy tenemos el placer de recibir en nuestra tribuna al Sr. Hugo Gambini, quien se encuentra acompa�ado por su se�ora. Tambi�n tenemos el honor de que este con nosotros el Presidente del Jockey Club de Rosario, Sr. Alfredo Enzo Olaeta. De Rotaract Club de Rosario: Federico Amato Invitados por: Roberto Caruso, su hijo Pablo Andr�s Eduardo Sutter Schneider, su nieto Rafael Moretti Roberto De Gregorio, la Arq. Graciela Smith Noticias de nuestros socios

  • Queremos agradecer al Sr. V�ctor Echevarr�a quien, por intermedio de Nora Nicotera, ha solucionado el problema del equipo de audio.
  • El d�a s�bado 19 de mayo asistieron a la Conferencia de Distrito: Francisco Duret y Ra�l Fern�ndez Milani.

1� Encuentro Trinacional de Interact (ETI) El mismo se celebr� entre los d�as 11 al 13 de mayo en las excelentes residencias universitarias de Horco Molle, Tucum�n. Al mismo asistieron 25 interactianos y una rotaria acompa�ante por el Distrito 4880, constituyendo la delegaci�n m�s numerosa a excepci�n de los locales. Por nuestro Interact Club de Rosario asistieron seis socios con una ayuda econ�mica votada por nuestra Junta Directiva que result� indispensable para facilitar el traslado de los mismos. Durante las referidas Jornadas se desarrollaron charlas y talleres sobre diversos t�picos como Problem�ticas del medio ambiente, integraci�n al medio de personas con discapacidades mentales y diversos temas atinentes a nuestra organizaci�n rotaria. Invitaci�n del R.C. de San Lorenzo Nos invitan al tradicional "Puchero de la Amistad" que tendr� lugar el d�a 6 de junio pr�ximo a las 21.30 horas. Por favor confirmen asistencia en secretar�a. Presentaci�n del disertante por Luis Carello Nuestro Presidente es un amante de la historia (p�blicamente conocido y reconocido) y especialmente de la Historia Argentina. Yo recuerdo en los tiempos en que cursaba mis estudios secundarios (casi olvidados por m�s de una raz�n) me agradaba mucho la historia; siempre me impresion� de sobre manera que al llegar a la Historia Argentina, especialmente, nuestros estudios se truncaban (all� por la �poca de Uriburu) y yo dec�a �falta algo, porque yo no he vivido, ni tengo memoria de lo posterior, que tambi�n es historia�. Hay una historia de los or�genes, hay una historia posterior y hay una historia m�s o menos reciente. En esta charla, nuestro Presidente ha decidido actualizar la serie de charlas hist�ricas con una de historia reciente, que es la de Per�n, Isabel y la Triple A. Historia dolorosa, reciente, pero que no por ello debe ser ignorada. El orador elegido para hablar del tema, no podr�a ser m�s apropiado. Hugo Gambini es en primer lugar un periodista, notable y notorio. Tambi�n ha sido un funcionario p�blico probo en cargos de importancia en el gobierno del Doctor Alfons�n y a lo largo de los a�os dirigi� (entre otras muchas publicaciones en las que ha escrito) la revista Redacci�n. Por sobre todas las cosas es un testigo insobornable de la realidad y un hombre que jam�s ha tenido temores expresado (temores internos todos tenemos siempre) de decir lo que piensa. Hoy con nosotros va a referirse a este tema particularmente sensible y dif�cil de Historia Nacional. Palabras del disertante Hace un tiempo publiqu� una nota en La naci�n sobre Per�n y las Tres A. Esa nota produjo un centenar de mails y fue muy comentada. Todos me dijeron que yo tenia un gran valor en haberla escrito. El valor consiste en que muchos piensan como yo pero no quieren decirlo. Tienen miedo en discutirlo a Per�n, que hace 33 a�os que muri� y nos sigue gobernando. Voy a refrescar algunos datos de aquella nota, que tal vez ustedes conozcan. Y agregar otros datos que seguramente no conocen. Quiero advertirles que ac� no se salva nadie: ni la guerrilla, ni el peronismo, ni las fuerzas armadas. Todos son culpables de la org�a de sangre que enlut� al pa�s en los a�os setenta. Los guerrilleros la empezaron, los peronistas se la devolvieron y los militares la mejoraron. Digo esto de entrada, para que nadie me interprete mal, porque no voy a defender a nadie sino a acusarlos a todos. Y los voy a acusar frente a la Historia, para que se recuerde bien lo que hizo cada uno. No lo voy a hacer en la Justicia, porque creo que eso ya no sirve. Una gran ley de amnist�a, bien generosa, es lo que ayudar�a a pacificar el pa�s y a mirar hacia delante. Como hicieron en Uruguay, en Chile y en Espa�a, pa�ses que creyeron m�s en su futuro que en la venganza. Es curioso que en la pol�mica reabierta sobre la Triple A se insiste en que ese siniestro organismo comenz� a actuar reci�n despu�s de la muerte de Juan Domingo Per�n, y que su �nico inspirador fue Jos� L�pez Rega. Los gremialistas pegaron carteles que dec�an: �No jodan con Per�n�. Es decir, mejor no investiguen, a ver si se descubre otra cosa. En el pa�s existe la idea de que Per�n fue un gran gobernante, que vino a pacificar, no lo dejaron y se muri�. En definitiva, se le perdona todo. Bueno, vamos a demostrar que eso no es cierto. Que si se investiga se descubren muchas cosas. De esto habl� el Gobernador Felipe Sol� y dijo que �cuando hay sangre y muerte de por medio no hay ning�n pasado cerrado a nadie. Todo debe ser investigado�. Recordemos que la guerrilla se hab�a probado en 1969 con el crimen de Augusto Vandor y estrenado como Montoneros al a�o siguiente, con el secuestro y asesinato del General Aramburu. En total cometi� 774 asesinatos. De esos 774 hubo 550 asesinatos contra las Fuerzas Armadas y de Seguridad y 224 contra civiles (incluyendo a 8 ni�os). Pero remit�monos al 25 de setiembre de 1973. Mientras Per�n celebraba el abrumador triunfo que acababa de consagrarlo presidente por tercera vez, se enter� que una r�faga de ametralladora lo hab�a liquidado a su amigo Jos� Rucci, titular de la CGT. Per�n se puso furioso. Sab�a que eran los Montoneros, esa juventud maravillosa como �l la hab�a calificado desde el exilio. Y comenz� a planear su destrucci�n, porque como buen militar los consider� el enemigo. Dijo que hac�a falta un somat�n. Como nadie conoc�a esa palabra, Per�n explic� que somat�n era una instituci�n parapolicial de Catalu�a. Un cuerpo armado civil, separado del ej�rcito, que defend�a las poblaciones de los ataques enemigos. El somat�n � seg�n la enciclopedia � empez� en el a�o 1068 con el repique de campanas, para alertar a los pueblos vecinos. Las armas se guardaban en las casas particulares y las usaban todos los vecinos. Tuvo su auge en el Siglo XII y se us� contra los franceses, en la guerra de la Independencia Espa�ola, entre 1808 y 1814. Tambi�n lo utiliz� en 1923 el dictador Miguel Primo de Rivera y lo reactualiz� el dictador Francisco Franco, hasta que fue disuelto definitivamente por el Senado en 1978. En otras palabras, el somat�n es un organismo paramilitar que usa las armas para matar gente. Per�n recordaba sus charlas en Madrid con el Coronel franquista Enrique Herrera Mar�n, quien despu�s le acerc� un proyecto de represi�n basado en la guerra civil espa�ola. Ese proyecto era, ni m�s ni menos, que el dise�o de lo que luego conocer�amos como las Tres A. Esto lo explica Marcelo Larraguy, en su biograf�a sobre L�pez Rega. Convencido, Per�n llam� entonces a una reuni�n muy importante. Fueron invitados el Presidente Provisional, Ra�l Lastiri; el Secretario General del PJ, Senador Humberto Martiarena; los miembros del Gabinete Nacional y los Gobernadores con sus vices. No falt� nadie. En esa reuni�n, realizada en Olivos el 1� de octubre de 1973, explic� que hab�a que �terminar con los marxistas infiltrados, para evitar que destruyan al Movimiento Nacional Peronista�. Dijo que el asesinato de Rucci hab�a marcado �el punto m�s alto de las agresiones marxistas�. Se debati� sin disidencias, porque solamente hablaron Per�n y el Coronel Osinde. Todo era un contexto de guerra contra los grupos de izquierda. Se puso a consideraci�n un Documento Reservado, en el cual se ordenaba a los militantes peronistas a �participar activamente en las acciones, para llevar adelante esta lucha�. Ese Documento Reservado no ten�a fisura. Per�n, m�xima autoridad y presidente electo, hab�a aprobado un texto que ordenaba a sus seguidores acatar las directivas. Y les impon�a la creaci�n de una nueva estructura. �En todos los distritos � dec�a el escrito � se organizar� un sistema de inteligencia, al servicio de esta lucha, el que estar� vinculado con el organismo central que se crear�� Por si exist�an dudas sobre lo que deb�a hacer el gobierno, se mencionaba con claridad lo siguiente: �Todos deber�n participar en la lucha iniciada, haciendo actuar todos los elementos de que dispone el Estado, para impedir los planes del enemigo y para reprimirlo con todo rigor�. (Tres veces se utilizaba la palabra �todos�: en los que participan, en los elementos del Estado y en el rigor de la represi�n). Como Per�n no era a�n Presidente, no lo firm�. Solamente o bendijo. Pero para darle mayor efectividad requiri� el aval del Consejo Superior Peronista, donde estaban Lorenzo Miguel, Jorge Camus, Norma Kennedy y Julio Yessi. Per�n reuni� en 1973 a los diputados montoneros y les dijo: � A la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer, no tengan la menor duda�. Y lo hizo. No pens� en usar la justicia sino la violencia. Al asumir Per�n la presidencia se efectuaron reuniones de gabinete, en las que se mostraban diapositivas de personas de ideolog�a marxista y se elaboraban listas de futuras v�ctimas o se decid�a en que momento su asesinato. Esto lo cuenta un peronista como Eduardo Gurucharri, quien escribi� una biograf�a del Mayor Bernado Alberte y donde dice que �reuniones de este tipo sol�an realizarse en el comedor de la Casa Rosada� Agrega Gurucharri que el doctor Antonio J. Ben�tez (que hab�a sido ministro de C�mpora, luego de Per�n y m�s tarde de Isabel) �refiere que L�pez Rega y el comisario Villar exhibieron fotograf�as y nombraron personalidades pol�ticas que deben ser depuradas de la infiltraci�n marxista. Entre los nombrados estaban el peronista disidente Eduardo Luis Duhalde, el abogado Mario Hern�ndez y el mayor Bernardo Alberte�. Ben�tez dio que �Per�n se limit� a escuchar, sin aprobar ni desaprobar, a quienes aludieron a la necesidad de operar por izquierda�. Como se sinti� muy alarmado, Ben�tez le cont� todo al peronista disidente Eduardo Luis Duhalde, que figuraba en la lista para ser eliminado. Duhalde, actual secretario de Derechos Humanos, se lo record� hace poco al juez Norberto Oyarbide, que hoy tiene en sus manos la causa de las Tres A. Al participar el Estado, el responsable era el Presidente y �ste era Per�n, primero electo y despu�s en funciones. De modo que no hay que buscar responsables de menor jerarqu�a. Porque lo que hizo L�pez Rega fue seguir las instrucciones de su jefe. Lo mismo que Osinde y Villar. Es decir, poner en marcha a las Tres A. As� como Videla es el responsable del terrorismo de Estado posterior, porque �l fue el Presidente, Per�n fue responsable antes por la misma raz�n, por haber sido el Presidente que invent� las Tres A. Su viuda tambi�n, por haber continuado con la org�a de muertes. De modo que el sayo les cabe a los tres. Y la gran responsabilidad de los cr�menes de la guerrilla es de Firmenich, porque siempre tuvo la direcci�n a su mando. A �l tambi�n le cabe el sayo. Est�n los que creen que los atentados ocurrieron despu�s de la muerte de Per�n. Como los gremialistas, por ejemplo, que tienen mala memoria. Pero se puede demostrar lo contrario, con nombres y apellidos, lugares y fechas. Hay una interesante cronolog�a, entre julio de 1973 y junio de 1974, publicada en agosto de 2005 en la revista Lucha armada, que figura en la nota �Per�n y la Triple A�, de Sergio Bufano. Se dice all� que �Per�n, cansado de proponer a los j�venes que se sumaran al justicialismo y abandonaran el uso de la violencia, sucumbi� a la tentaci�n de estimular una maquinaria de represi�n que inici� sus actividades antes de que asumiera como Presidente, continu� durante su gesti�n y mucho despu�s de su muerte�. A los tres d�as de conocido el Documento Reservado, un joven de la JP, afiliado a la unidad b�sica H�roes de Trelew, de la Villa San Pablo, era asesinado en General Pacheco. Se llamaba Nemesio Aquino. Esa noche tambi�n estall� una bomba en la unidad b�sica M�rtires de Trelew, causando graves da�os. En C�rdoba reventaron otros tres artefactos en el domicilio de los diputados provinciales Fausto Rodr�guez y Miguel Marcattini, del Frejuli, y una m�s casi destruye la casa del Senador Tejada, titular de la C�mara de Senadores de esa provincia.- Per�n a�n estaba por asumir su tercer mandato. Al d�a siguiente, en San Nicol�s, ca�a asesinado el periodista Jos� Colombo, del diario El Norte, que seg�n los atacantes �estaba plagado de comunistas�. Cuando Per�n ya era Presidente, dos d�as despu�s del 12 de octubre, en Rosario, ca�a acribillado Constantino Razetti, un bioqu�mico de la Juventud Peronista. El 17, en Mar del Plata, se incendiaban las casas de Andr�s Cabo y de Alfredo Cuestas. Los tres eran dirigentes de la JP. El d�a 21, en Santos Lugares, el fuego empez� a consumir el teneo peronista Heroica Resistencia, y al d�a siguiente estallaba una bomba en el despacho de Alberto Mart�nez Baca, Gobernador de Mendoza. El dirigente gremial Roberto Garc�a, en su libro Patria sindical versus Patria socialista, dice lo siguiente: �La orden reservada � quiere decir el Documento Reservado � puso en marcha el aniquilamiento del enemigo, sin m�s tr�mites ni discusiones, por �rdenes del jefe� Luego se pregunta: ��O es que alguien duda sobre quien pod�a dar una orden de esta naturaleza, siendo nada menos que Juan Per�n, Presidente con el 62% de votos, a estrenar once d�as despu�s?�. Y Roberto Garc�a confirma: �Los gremialistas aterrorizados consiguieron el apoyo de Per�n y en una reuni�n de gobernadores, realizada el 1� de octubre de 1973, se ley� la orden reservada, que proclamaba la guerra contra los grupos marxistas comunistas�. Alejandro Guerrero, del Partido Obrero, dice en un art�culo que �Las Tres A fueron un organismo clandestino del propio Estado, armado desde el despacho del General Per�n�. Tambi�n lo expresa el empresario Pedro Rafael Mercado, quien justifica a Per�n, cuando dice: � Se equivocan quienes pretenden salvar la imagen del general, apelando a que estaba enfermo y no pod�a controlar a L�pez Rega�. Se pregunta: ��Resulta aceptable asumir que Per�n fue un t�tere de su mayordomo?�. Enseguida responde: �Se tiene que aceptar el Per�n hist�rico, con sus luces y sus sombras, con sus errores y sus aciertos�. Hab�a una explicaci�n � nunca una justificaci�n � para que ocurriera esto y es que los guerrilleros hab�an matado a conocidos sindicalista como Vandor, Kloosterman, Rucci, Alonso, Coria, y a otros treinta m�s. Naturalmente, esto tampoco justifica los asesinatos de las Tres A. El 21 de noviembre del 73, cuando el senador radical Hip�lito Solari Irigoyen puso en marcha su coche estall� una bomba que le hiri� un pie. A trav�s de un comunicado se hizo responsable el grupo denominado Tres A. Per�n segu�a siendo Presidente y, aunque todos sospechaban que las Tres A actuaban por orden del gobierno, en diciembre dijo: �Muchas veces me han dicho que creemos un batall�n de la muerte, como el brasile�o, o que formemos una organizaci�n policial para hacerle la guerrilla a la guerrilla. Pienso que eso no es posible ni conveniente�. Per�n sab�a que las Tres A, que �l hab�a puesto en marcha, estaban funcionando sin parar desde hac�a tres meses. D�as despu�s, el 23 de enero se ametrall� el frente de la casa del dirigente peronista Manuel H�ctor Delgado, y a los cinco d�as, tras un secuestro, apareci� en un bald�o el cad�ver de Jos� Contino, militante de la JP. La desmentida de Per�n no hizo m�s que confirmar las sospechas, pues la Triple A difundi� el 29 de enero una lista negra de futuras v�ctimas. Figuraban en ella Silvio Frondizi, Mario Hern�ndez, Gustavo Roca, Mario Santucho, Armando Jaime, Raimundo Ongaro, Ren� Salamanca Agust�n Tosco, Rodolfo Puiggros, Manuel Gaggero, Ernesto Giudice, Roberto Quieto y Julio Troxler. Estaban tambi�n los coroneles Luis Perlinger y Juan Jaime Cesio, y el obispo Luis Angelelli, de La Rioja. El 8 de febrero de 1974, en una conferencia de prensa Ana Guzzetti, del diario El Mundo � editado por los Montoneros -, le dijo a Per�n que en 15 d�as hab�an sido voladas 25 unidades b�sicas y doce militantes quedaron muertos o desaparecidos. Le pregunt� entonces qu� medidas iba a tomar para que se investigaran esos atentados fascista, hechos por grupos parapoliciales de ultraderecha. Per�n se ofusc�. Se dio media vuelta y le dijo al edec�n: ��Tome los datos necesarios para que el Ministerio de Justicia inicie la causa contra esta se�orita!�. Guzzetti insisti�: ��Quiero saber qu� medidas va a tomar el gobierno para investigar tantos atentados fascistas!�� Y Per�n contest�: �Las que est� tomando. Esos son asuntos policiales provocados por la ultraizquierda, que son ustedes (y la se�al�), y la ultraderecha, que son los otros. Arr�glense entre ustedes. La polic�a proceder� y la Justicia tambi�n�. Lo que no dijo fue qui�nes eran los otros. Guzzetti aclar� que ella era militante peronista desde hac�a trece a�os. Per�n se sorprendi�: ��Hombre! Lo disimula muy bien�. Pero por m�s que Per�n negara que los atentados los comet�a su gobierno, la org�a no se detuvo. El 19 de febrero fueron secuestrados Jorge Antelo y Reynaldo Rod�n, militantes del ERP, de quienes nunca m�s se supo. En San Nicol�s fue asesinado el 16 de marzo el m�dico radical Rogelio Elena. El 30 lo mataron a balazos en Lomas de Zamora a Pedro Hanssen, dirigente de la JP, y al otro d�a asesinaron a H�ctor F�lix Petrone, en Lan�s. El 9 de abril fue secuestrado Ricardo Jos� Gonz�lez, de la Juventud Universitaria Peronista, y por la noche, en el parque Pereyra Iraola le hicieron un simulacro de fusilamiento a Antonio Iglesias, militante de Vanguardia Comunista. El hoy diputado kirchnerista Carlos Kunkel le dijo hace poco a dos periodistas de Clar�n, que �Per�n ni remotamente tuvo que ver con la Triple A�. Es claro que no pensaba lo mismo en abril del 74, cuando era un joven peronista de la tendencia y fue detenido en el Chaco. En ese momento Kunkel estaba por copar la colonia aborigen de Resistencia, junto con los sacerdotes tercermundistas Joaqu�n N��ez y Gianfranco Testa, y se salv� por un pelo de ser torturado como los otros. Pero Kunkel hab�a renunciado a su banca porque sinti� el dedo acusador de Per�n. No ignoraba quien hab�a organizado la fuerza de represi�n, cuando Per�n dijo: �Puestos a enfrentar la violencia con la violencia, tenemos m�s medios posibles para aplastarla. Y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aqu� de monigotes�. Kunkel admite ahora que los Montoneros eran �unos loquitos�. Pero le cuesta reconocer que fue Per�n el creador de las Tres A. Dice que no ley� el Documento Reservado, que se public� en La Opini�n del 2 de octubre del 73. Tampoco se le ocurri� buscarlo en el libro La voluntad, de Eduardo Anguita y Mart�n Caparr�s, donde se lo reproduce �ntegramente. Per�n hab�a amenazado en Olivos a todo el grupo de peronistas de izquierda con aplicarles la ley. Les dijo lo siguiente: �Si nosotros no tenemos en cuenta la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato, que es lo que hacen ellos. De esta manera vamos a la ley de la selva y dentro de la ley de la selva tendr�a que permitir que todos los argentinos portaran armas a la vista�. Bueno, la ley de la selva ya estaba rigiendo en el pa�s, porque la pena de muerte era moneda corriente. Las Tres A sal�an por las noches con total libertad a cazar j�venes peronistas y j�venes de izquierda. Los acribillaban a balazos y los tiraba en los Bosques de Ezeiza. Esa era la verdadera ley con la que Per�n amenazaba desde la presidencia. Un d�a una delegaci�n juvenil fue a pedirle al General que se frenaran las torturas policiales contra el hermano y la esposa de Juan Pablo Maestre, quien hab�a sido fusilado tres a�os antes en Trelew. Pero la respuesta de Per�n fue ratificar la confianza en los comisarios Alberto Villar y Luis Margaride. Ese mismo d�a, en Monte Grande era secuestrada y asesinada la militante Liliana Ivanoff, de la Agrupaci�n Evita. Una bomba y r�fagas de ametralladora destru�an la fachada de la unidad b�sica Liberaci�n Nacional. Eran secuestrados, adem�s, Edgardo Mart�n Aranovich, Carlos Della Nave y Salvador Bidegorry. Pero las polic�as federal y provincial simulaban ignorar esos casos. El episodio m�s recordado del momento fue en Mataderos, cuando el sacerdote Carlos Mugica cay� acribillado al salir de la iglesia San Francisco Solano. El crimen fue perpetrado por Rodolfo Almir�n, uno de los principales jefes de la Triple A. Y esto tambi�n ocurri� bajo la presidencia de Per�n. Pero habr�a m�s, porque el secuestrado Bidegorry apareci� torturado. Se hallaron tambi�n los cad�veres de Oscar Dalmacio Mesa, Antonio Moses y Carlos Domingo Zila, que hab�an sido secuestrados de un local del Partido Socialista de los Trabajadores, en General Pacheco, y fusilados en un descampado de Pilar. El 2 de junio del 74 el asesinado a balazos fue el joven Rub�n Poggioni, quien pegaba carteles del partido comunista. El d�a 6 fue secuestrada y torturada Gloria Moroni, de la tendencia estudiantil revolucionaria socialista. Y el 14 se denunci� la desaparici�n de Juan de Dios Odriozola, cuya madre hab�a sido muerta en la batalla campal de Ezeiza. Pero de todos esos cr�menes y secuestros no se hablaba y se habl� nunca. Porque los muertos eran desconocidos y porque el responsable de los mismos era Per�n. Per�n muri� el 1� de julio. En los nueve meses de su gobierno los grupos parapoliciales de la Triple A actuaron en zonas liberadas. Secuestraban, torturaban y mataban a j�venes peronistas y a j�venes de izquierda. Fueron identificados 15 cad�veres, despu�s hubo 10 m�s, sin contar los secuestros de quienes nunca aparecieron. Per�n hab�a ordenado matarlos a todos. Hab�a cumplido su promesa, cuando dijo: �Debemos aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal. Y esta es una tarea que nos compete a todos�. Esto lo dijo por radio y televisi�n, vestido de general, el 20 de enero de 1974, cinco meses antes de morir. �Debemos aniquilar�, dijo. Aniquilar es un vocablo castrense y �l era un militar. Con respecto a su salud, Per�n estuvo siempre en sus cabales. No estaba dominado por nadie. Menos a�n por su mayordomo. Para afirmar esto recuerdo lo que dijeron sus tres m�dicos: Norberto Giletta, Pedro Cossio y Alfredo Bisordi. Los tres escribieron en el parte m�dico: �La lucidez fue permanente en el General Per�n, hasta el mismo instante de su deceso�. Esto es lo que figura en la declaraci�n del sumario. Pero hagamos bien las cuentas. Al volver Per�n definitivamente al pa�s, el 20 de junio de 73, se produjo la masacre de Ezeiza. All� se identificaron 18 muertos y la gran mayor�a debe cargarse a la cuenta del Coronel Jorge Osinde. Fue en la Presidencia de C�mpora que dur� 49 d�as. A C�mpora lo despidieron y pas� a Gobernar Lastiri. En su gesti�n provisional de tres meses se produjeron 9 asesinatos. Todos j�venes peronistas y de izquierda. Finalmente lleg� Per�n y en su gobierno, que va del 12 de octubre del 73 al 30 de junio del 74, se contabilizaron 25 muertos de la juventud peronista y de la izquierda. (En mi nota de La Naci�n yo hab�a dicho que eran 15. Pero no. Me corrigieron y los muertos de Per�n son 25). Todos identificados. Al morir �ste le toc� el turno a su viuda. Per�n les hab�a dicho a sus seguidores: �Le he ido pasando las ideas de la conducci�n�. Pero la verdad es que Isabel no aprendi� absolutamente nada, porque en su gobierno no fue capaz de generar una sola idea. Isabel no era una mujer preparada para gobernar nada. Ni ten�a la m�s m�nima sensibilidad. Dej� que siguiera la org�a de sangre y hasta firm� el famoso decreto que permit�a el aniquilamiento de la guerrilla. Su gobierno dur� desde el 1� de julio del 74 hasta el 23 de marzo del 76. En esos 20 meses se contabilizaron 418 asesinados y 741 desaparecidos. La suma de v�ctimas llega 1159 personas, pr�cticamente todas muertas. En todos estos casos hubo actuaciones judiciales. Pero no se conoci� una sola condena. Julio Morresi, de la Asociaci�n de Familiares de Desaparecidos por Razones Pol�ticas, dijo: �Esta pelea la queremos en toda su dimensi�n. Y esto no es solo por los desaparecidos del 76, sino que por lo de antes tambi�n. En ese per�odo del 73 al 76 hubo muchos muertos�. Mar�a Cristina Caiati, directora del �rea de documentaci�n del Centro de Estudios Legales y Sociales, dijo: �Me parece bueno revisar la violencia estatal desde mucho antes de la dictadura, que adem�s fue la que la cobijo y la hizo posible. Es justo investigar a la viuda de Per�n�. El Partido Obrero, es una declaraci�n que dio a conocer este a�o, dijo que: �El Diario Pagina/12 menciona en una nota los ataque, secuestros y asesinatos durante el gobierno de Mar�a Estela Mart�nez de Per�n. �Y los cometidos antes? � se pregunta- �Como si no hubiese existido!�. Naturalmente, se refer�a al gobierno de Per�n. Llegaron finalmente los militares e hicieron de los asesinatos un verdadero fest�n diab�lico. Se quedaron siete a�os. Mataron a militares de j�venes guerrilleros y a sus amigos. Secuestraron a sus hijos y los entregaron a otras familias. Nadie, absolutamente nadie se atrevi� a decir nada en ese momento. Salvo las Madres de Plaza de Mayo, que silenciosamente daban vueltas alrededor de la Pir�mide, con un pa�uelo en la cabeza. Los guerrilleros sobrevivientes que con sus cr�menes despertaron al le�n dormido, se quejaron despu�s por los secuestros y los asesinatos. Dijeron que los cr�menes de los militares eran de lesa humanidad. Pero tambi�n lo eran tambi�n los cr�menes de la guerrilla. Y los de Per�n. Y los de Isabel. El Estatuto de Roma �considera cr�menes de lesa humanidad al asesinato, al exterminio o encarcelaci�n, cometidos como parte de un ataque contra una poblaci�n civil�. Y al definir poblaci�n civil habla de �la pol�tica de un Estado o de una organizaci�n�. O sea que todos son cr�menes de lesa humanidad. De un lado y de otro. Tambi�n los define as� el Tribunal de N�remberg, cuando dice que son cr�menes de lesa humanidad �el asesinato, la exterminaci�n, la esclavitud, la deportaci�n y las persecuciones por motivos pol�ticos, raciales o religiosos�. La Resoluci�n 304 de las Naciones Unidas, aprobada en 1972 contra el terrorismo internacional y la 51/210 de 1996, condenan �los actos criminales con fines pol�ticos para provocar un estado de terror en la poblaci�n en general, en un grupo de personas o en personas determinadas�. Considera que esos cr�menes son �injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera que sean las consideraciones pol�ticas, filos�ficas, ideol�gicas, raciales, �tnicas, religiosas o de cualquier otra �ndole que se haga valer para justificarlas�. La responsabilidad total fue del peronismo. Por haber engendrado y querido la guerrilla, por haber construido las Tres A para eliminarla, y por producir el decreto de aniquilamiento que usaron despu�s los militares. A su vez, los militares tienen la responsabilidad de haber perfeccionado esa espantosa obra. Digamos, de paso, que nadie sali� a defender al gobierno constitucional de Isabel. A ella no la quer�an los sindicalistas, no la quer�an los Montoneros y no la quer�a la gente. No la quer�a nadie. Los que la defend�an sab�an que se ca�a sola. Y el �ltimo soplido se lo dieron los militares. Se�ores, les agradezco mucho su atenci�n y el haberme invitado a compartir con ustedes esta mesa que me halaga. Gracias. Despedida Quiero dar por terminada la reuni�n de hoy. En primer lugar agradeciendo la presencia del flamante Presidente del Jockey Club, el amigo Alfredo Olaeta, a quien le deseamos en nombre de todo el club el mayor de los �xitos. A Luis Carello le agradezco mucho la presentaci�n y como es amigo m�o, uso y abuso de su habilidad en estas lides, una vez m�s le pido disculpas junto con mi agradecimiento. En cuanto a Hugo Gambini ha sido un gusto personal el haberlo tenido, sobre todo cuando vemos que sus conclusiones son fruto de datos que son evidentemente insoslayables y comprobables, puesto que ha recurrido a la prensa y a los libros, en muchos de los casos de gente del propio partido al que se refer�a. Junto con mi personal agradecimiento y el del club, le vamos a entregar un diploma que marca su presencia por nuestra tribuna y un libro sobre Rosario para que venga un poco m�s seguido y nos recuerde bien. A todos ustedes los cito para la pr�xima reuni�n, en la que entregaremos el Premio Anual al Hogar del Hu�rfano, junto con un segundo informe sobre la compra y los avances con respecto a la adquisici�n de la oficina que ya para esas alturas va a estar firmado el boleto de adquisici�n. Hasta el pr�ximo mi�rcoles. * Las opiniones de los disertantes son personales y no implican responsabilidad del Rotary Club de Rosario.